27/06/2016

Escribir desde el dolor

El 10 buscando algún tipo de consuelo para tanta desazón. Pablo Dizeo

Tomarse un tiempo, pensar, escribir, borrar, volver a pensar. La primera sensación que tuve cuando el chileno Franciso Silva se llenó la boca de gol, fue la de una desilusión increíble. No podía ponerme a analizar nada, no pude siquiera emitir palabra alguna. Como pocas veces en mi vida, elegí el silencio.

Y en ese silencio, fue cuando me di cuenta de una cosa: para que exista una desilusión, primero, debe haber una ilusión. Y esa ilusión fue producto de este enorme grupo de jugadores que se merecían más que nadie un final distinto. Pero esto es fútbol, y en este mundo nada está asegurado.

Ni contar con el mejor jugador del planeta te resuelve las cosas por arte de magia. Y allí radica el verdadero problema, el creer que Lionel Messi le puede ganar a todos él solito. El segundo tiempo fue clara muestra de ello, salvo contadas excepciones, en la mayoría de las acciones de riesgo en favor del equipo argentino, el número diez se encontró en soledad, sin respaldo de los volantes, ni de los delanteros.

Como en todo orden de la vida, también faltó esa pizca de fortuna que puede cambiarlo todo. ¿Cómo se explica que Lío haya errado su penal? El astro, sólo un año atrás en Santiago, logró concretar su ejecución con el aditivo de que previamente el chileno Matías Fernández, había convertido el suyo. Es decir, que aquella vez -en teoría- contaba con más presión que en la noche de ayer. Pero el destino -que por lo visto no está del lado de la celeste y blanca últimamente-, quiso que en New Jersey, el trasandino Arturo Vidal no pueda vencer a Sergio Romero, pero acto seguido, le sacó la posibilidad a Messi de poner en ventaja a los suyos. Inexplicable.

Su desazón, la forma en que inmediatamente se llevó las manos a la cara, tapándose, sin querer ver a nadie, sabiendo que había dejado pasar una gran chance, la sufrimos todos. Y más aún cuando se terminó consumando el final menos esperado, sus lágrimas, fueron las lágrimas de todos. Verlo sentado solo en el banco de suplentes, con la mirada perdida, buscando respuestas, fue una imagen desconsoladora, que presagiaba lo que momentos después iba a confirmar en primera persona.

“Se terminó la Selección para mí” fue el mensaje que envío el máximo goleador argentino, momentos después de terminado el partido. “Creo que es lo mejor para todos, para mí y para mucha gente que lo desea. Se terminó la selección para mí, es una decisión tomada. Lo intenté muchas veces pero no se dio”, dijo en referencia a su incipiente salida.

Las palabras “para mucha gente que lo desea”, fueron una daga al corazón. ¿Quién? ¿Quién en su sano juicio todavía puede discutirlo? A los pocos segundos de hacerse púbicas sus declaraciones, sorprendió gratamente ver el apoyo que le declaraban los hinchas argentinos en las redes sociales; que incluso se propusieron juntar firmas en la página web “change.org”, para pedir que el ídolo no abandone el representativo nacional, bajo el lema “no existe un proyecto posible en el cual el mejor jugador del mundo no esté, cualquier proyecto de selección en el que no estés, está destinado a fracasar desde antes de empezar”.

Lo cierto, es que al final sólo queda el dolor, la profunda herida de no haber podido ver a este grupo alzando la Copa América Centenario. También la preocupación, la incertidumbre por este karma, que se agranda cada vez más, y que a medida que pase el tiempo va a ir aumentando su peso.

Un dato que ilustra este momento: con la derrota en tierras norteamericanas, Argentina equiparó las finales perdidas con las ganadas. Ahora, el conjunto Albiceleste suma 14 estrellas en la Copa América, pero también igual cantidad de tristezas.

Y queda la puerta abierta sobre el futuro de la máxima figura del equipo, del rosarino que cree que ya dió todo, que la frustración por no conseguir el título lo dejó maltrecho, sin fuerzas, sin ánimo. Sólo queda la esperanza de que vuelva a pensar su decisión en frío, en el seno íntimo de su familia, con su círculo de confianza. Porque hay algo que es seguro, caerse está permitido, pero Lío querido, levantarse es obligatorio. Ésta va a ser siempre tu casa. Te esperamos.

Por Federico Urriza
Imagen Pablo Dizeo